Puedo oír la lluvia caer sobre el asfalto, mientras intento que mi piano cante lo que escribo, pero mis palabras parecen estar vacías cuando decido hablar de ti.

Ni las calles de este pueblo encantador, ni esa brisa que parece no cesar nunca, ni este mar que Madrid no me sabe dar, han conseguido que entienda algo. Todo sigue siendo un boceto de lo que quiero, a lápiz y sin color. Es fácil engañarse y decir que todo está bien, al fin y al cabo las cosas parecen girar como siempre. Me calzo mis tacones rojos mientras el espejo me mira con cansancio, y decido salir a comprar una rutina nuevo, muy distinta.

Un par de días que no se cansen de reir, ni de mi, que sepan querer. Pero parece que hoy no toca. Todo lleva consigo algo de tristeza, y vuelvo a casa, un día más, con las ideas empapadas y la misma rutina que tu no has sabido llevarte.