Aquí todo parece distinto. Las calles mojadas y vestidas de importancia intentan que me olvide de lo que he dejado atrás. En mis ojos tu mirada, sonriente, como siempre, como entonces; con tu mano estrechando la mía, dedicándome cada palabra como si todo volviese a empezar. Y yo, mientras dibujo otro paisaje para huir de tanto amor, me pregunto que estarás haciendo ahora.

Tal vez pienses en tu vida, en lo que gira a tu alrededor. En mi, o en nadie. A lo mejor estás recordando… o intentando olvidar.

Puedo oír la lluvia caer sobre el tejado.

¿Recuerdas cuando todo estaba bien y daba igual quién se mojara? Entonces las cosas también eran difíciles. Se nos quedaban grandes tantas promesas e ilusiones y no sabíamos muy bien a donde podíamos llegar. Aun así, cada beso, cada chiste, cada te quiero adivinaban esas ganas de no querer rendirse.

Finalmente tu peculiaridad y mi inocencia chocaron y en lo que dura un parpadeo todo estaba roto. Y ahora que estoy bien tú decides saludarme, aparecer como si siempre cuando menos me lo espero y más lo necesito. Con tus mismas miradas y palabras; con las mismas manos que quieren coger las mías y con más ganas que nunca de verme feliz. Todo me descoloca y empiezo a sentirme cansada. Tantos cambios, tanta gente y cada día queriéndote de una forma distinta. Me gustaría deja en Madrid esto y que todo fuera una bonita historia que no sabe escribir un buen final.