Un día, cuando era niño, Salvador Dalí se perdió en el "País de los Sueños". Su hermana le llamó y le llamó, pero fue inutil; Salvador no regresó jamás al mundo real.

El País de los Sueños, era un lugar increible. Allí, lo imposible era posible, y lo irreal era real. Había un rey al que todos llamaban el fantástico, que gobernaba como ningún otro lo haría.

Sólo le interesaban las ideas más extravagantes y se rodeaba de locos, artistas y niños porque decía que eran los únicos que sabían soñar sin pensar.

Salvador llegó al País de los Sueños a traves de un agujero en forma de pera limonera que dibujó en la pared gris de su habitacion. Tenía seis años y se llevó con el su caja de pinturas. Cuando atravesó el agujero limonero, unos guardas con uniforme de preso le confiscaron el tubo negro, porque era color de pesadilla y no de sueño.

Salvador era un niño y le gustaba divertirse. Con su caja de pinturas y sus pinceles fue cambiando todo lo que encontró a su paso. A los elefantes y rinocerontes del circo del sueño les pintó unas patas de avestruz tan largas que parecían zancos, y a las jirafas les dibujó crines de fuego.

El Rey, enterado de las hazañas de Salvador y el poder mágico de sus pinceles, se sintió fascinado y ordenó que lo llevaran a su presencia. Quería hacerle un encargo, una misión digna de su talento:

- Salvador,- dijo el Rey - tú posees un don maravilloso. El País de los Sueños te necesita, y yo tambien.

Con lágrimas en los ojos, el Rey siguió hablando:

- Mi hija, la princesa Gala, heredará del reino de la fantasía, está retenida contra su voluntad en una isla flotante. Allí habita don Exacto Milimétrico Segundero, un malvado fabricante de relojes que adora la puntualidad y detesta los sueños. Se ha propuesto acabar con nuestro país- continuo el Rey - y con este fin, está construyendo un diabólico engendro mecánico de colosales proporciones que llama " El Despertador". Sólo tú, con el genio de tu arte, puedes rescatar a mi hija Gala y salvar el País de los Sueños. Todos confiamos en ti.-

La corte del País de los Sueños salió a despedir a Salvador en el momento en que este se dirigía a cumplir su misión a lomos de un elefante de largísimas patas. Los niños reunieron sus lápices de colores y se los obsequiaron, los locos le dieron consejos que sólo ellos entendieron, los artistas le pintaron un bigote como el de los pintores antiguos.

En un lugar imposible de localizar en los mapas, rodeado de estrellas y lunas de varios tamaños y colores, había una isla flotante. Cuando Salvador la divisó a lomos de su montura supo que había llegado a su destino. A medida que se aproximaba distinguió con mas fuerza el ensordecedor griterio de miles de relojes funcionando a la vez.

En el centro de la isla se levantaba un gigantesco artefacto. Junto a una potente luz, Don Exacto Milimétrico Segundero estaba ajustando el mecanismo de precisión de su máquina, "El Despertador". La princesa Gala dormía, víctima del encantamiento, sobre el lomo de un cisne.

Salvador se acarició el nuevo bigote y abrió mucho los ojos. Había llegado la hora de demostrar que era un genio. Abrió su caja de pinturas y preparó la paleta. Sobre la base del artefacto pintó una cesta con un pan de aspecto tan real que pronto apareció un batallón de hormigas en fila india dispuestas a trasladar miguita a miguita el delicioso mangar hasta su hormiguero.

Es probable que no lo sepais, pero las hormigas que viven en las islas flotantes tienen muy mal caracter y se enfadan con facilidad. Además, son muy voraces y cuando se sienten engañadas devoran todo lo que encuentran a su paso. Cuando descubrieron que el pan no era auténtico se dedicaron a mordisquear la base del artefacto con la laborioso empeño. Salvador estaba feliz.

El ruido cansado por el incesante mordisqueo de las hormigas superó al de los mecanismos de relojería y Don Exacto Milimétrico Segundero se percató de que algo no iba bien. Fue en el mismo momento en el que el artefacto pronunció su primer y último tic-tac. Salvador y el relojero se miraron durante un largo instante, mientras las hormigas devoraban el despertador.

Salvador movió sus pinceles en el aire y Don Exacto Milimétrico Segundero quedó mudo durante unos segundos, e inmediátamente se desmoronó convertido en miles de esferas de diferentes tamaños que se unían y desunían sin conseguir encontrar de nuevo su forma original.

La princesa Gala se despertó en aquel preciso instante.

Cuando Salvador se miró en los ojos negros de la princesa supo que nunca mas usaría espejo. Ambos regresaron al País de los sueños, a lomos del elefante patilargo, pero antes el pequeño genio volvió a usar sus pinceles para convertir en blandos todos los relojes de la isla.

La llegada al País de los Sueños fue un gran acontecimiento. La comitiva, con el Rey a la cabeza, salió a recibir a Salvador y a la princesa Gala. Hasta los somnolientos, que habitualmente estaban dormidos, acudieron a la cita convencidos de que la ocasión lo merecía.

El Rey proclamó a Salvador Pintor oficial del País de los Sueños. Él pidió que de ahora en adelante todo el mundo le llamara Daaa-lí.