Miles de personas se empeñan en no entender la filosofía. No consiguen ver su utilidad y la creen carente de sentido alguno. Y no es de extrañar, pues poca gente quiere perder el tiempo en un saber que no es capaz de proporcionarle una explicación definitiva a cuestiones que tal vez ni se plantea.
Cuestiones tan cotidianas como complejas, temas que mucha gente ignora por los prejuicios que tenemos desde niños, con los que vivir muchas veces carece de interés.
La filosofía no da certeza de lo que contempla porque trata temas muy grandes y genéricos, nada cuantitativos; trata lo que hay en nuestro corazón, en nuestra mente, temas totalmente racionales y psíquicos ( como el amor, la verdad, la felicidad), grandes objetos que, precisamente por ser tan grandes, impiden a la filosofía llegar a una respuesta concreta, algo que nos permita entender definitivamente estas cuestiones. No puede, no es posible. Son muchos los años que se llevan pensando en estas inquietudes, nada mas y nada menos que desde el siglo VI a.c (a pensar como saber racional, porque pensar se ha pensado siempre). Y son muchas las personas que han dedicado su vida a plantearse qué es el amor, la verdad o la tristeza y no han encontrado respuesta definitiva. Pero eso ya lo sabían ellos, ya sabían los grandes filósofos que no iban a encontrar la definición exacta de verdad o angustia…
El sentido total de la filosofía, su principal fin, se podría decir, no es obtener respuestas inmediatas si no pensar, razonar, reconocer la propia ignorancia, reconocer que no sabemos nada. Filosofar . Algo que nadie dijo que fuera fácil.
Así de complejo y difícil es el camino de filosofía y con ella de la verdad y así de grandes, tan grandes como la felicidad o la tristeza, son los objetos con los que trabaja, y precisamente por ello, por ser tan grandes es complejo el recorrido a esa respuesta que nunca llega… (pero siempre está llegando)
No se es consciente de lo que nos rodea, de lo que tenemos a nuestro alcance. No entendemos que vivimos sin conocer nada…siendo este el primer paso para entender la filosofía. Reconocer nuestra propia ignorancia, darnos cuenta de que no sabemos nada de lo que creíamos saber. No tenemos más que prejuicios. Estamos envueltos en lo cotidiano, absortos de plantearnos lo que es y lo que no es real, conformándonos con vivir sabiendo que 2+2 son 4 y que un ocho horizontal significa infinito, y es en ese punto en el que no se puede entender la filosofía. Si queremos acercarnos a ella debemos asomarnos a la puerta del asombro, salir de nuestro día a día y preguntarnos ¡qué es infinito! ¿qué es no tener fin?, ¿acaso algo puede no tener fin?, ¿algo puede no tener principio?
Nos dicen que amor es querer a alguien, angustia sentir miedo, felicidad tener y conseguir todo lo que te propongas, pero, en el caso del primero, ¿qué es amor? No lo sabemos, no se pueden definir esas mil sensaciones que nos proporciona. No sirve que amar sea querer porque del mismo modo… ¿qué es querer?ç
Es todo un circulo vicioso. Un rincón en el que una vez dentro no se puede salir…
Un vértigo enorme el pensar en cada uno de los sentimientos que nos dominan cada día y a cada instante y mas vertiginoso aún plantearse temas tan grandes como la muerte, o el echo de que haya vida. El por qué hay algo pudiendo no haber nada y , ya que hay algo, por que es eso y no otra cosa, cuestiones que contestan la ontología y la metafísica. Cuestiones ante las que yo no puedo dejar de asombrarme. Temas que no puedo sopesar como si del clima o la bolsa se tratasen.
Y es que la filosofía nace del asombro. Tahuma llamó Aristóteles a esa sensación de maravilla que nos proporciona la actividad de pensar. Pasión, amor, vértigo, terror (siempre en el buen sentido).
Para acabar con esta…pequeña defensa personal a la filosofía ( por llamar de algún modo a este, también, pequeño primer ensayo) cabe citar el “Poema del Ser” de Parménides, que se convierte nada mas y nada menos que en la base de la filosofía.
En el una Diosa le dice a un mortal que hay dos caminos en la vida que puede seguir: el primero, el que ES, el que conduce a la verdad (Aletheia). El segundo el que NO debe SER, el de la apariencia que tarde o temprano no lleva más que a la opinión (Doxa).
Así nos define Parménides, de una forma realmente bella, que la filosofía no es nada más ( ¡ni nada menos! ) que búsqueda de la verdad.
Podrían escribirse hojas y más hojas ( de hecho se han escrito), con el significado de la filosofía, las preguntas a las que responde, el porqué de estas preguntas…
yo, de momento, me conformaré con escribir lo poco que me ha dado tiempo a aprender…siempre sin dejar de pensar, sin dejar de asombrarme, sin perder aquella inocencia que nos hace ver la realidad incomprensible de lo que “realmente” son las cosas.