Hoy me ha despertado mi padre antes de "la hora prevista" porque un gorrión había caído de su nido y estaba desconcertado en el jardín. Salí rápidamente a verlo, era chiquitito y regordete, de un color marrón arena y con manchitas negras en las plumas.
Después de estar un rato observándolo decidimos cogerlo. Cuando al fin lo conseguimos le dimos algo de agua y miga de pan. El pájaro estaba algo nervioso, lo cual es normal: imagina que vienen dos pájaros gigantes, te cogen y te empiezan a meter agua en la boca...
Mi padre trajo una cesta de mimbre enorme que guardábamos en el garaje. En ella echamos plantas y pusimos en dos platitos comida y agua. Deje ahí al gorrión mientras de duchaba.
Cuando salí volvía cogerle. Ya estaba mucho mas tranquilo, hasta bebió agua de mis dedos y comió un poquito de pan.
Mi propósito era cuidarlo hasta que aprendiera a volar.
Le llamé "Sábado", porque de pequeña tuve un gorrión durante mucho tiempo llamado Viernes, y como hoy es sábado...
Después de contemplarle durante un rato (me hacia gracia la expresión de mala leche que le hacia adquirir aquello de que el pico fuese mas grande que su cabeza, y me impresionaba que sus ojos fuesen tan negros...y como los movía constantemente de un lado a otro observando todo lo que ocurría...) decidí ponerlo en una rama, a ver si con un poco de suerte se animaba a volar...pero no...En vez de eso se quedo dormido...metió su cabeza bajo sus alas y se durmió. (Ver foto)
Tras cinco minutos calló, aun dormido, al suelo. Me levanté corriendo a cogerlo. Abrió los ojos un segundo para ver que había pasado y volvió a dormirse, esta vez en mis manos.
Me senté sosteniéndolo con cuidado, se había quedado dormido...pero de repente empezaron a darle como ticks...abría las alas y retorcía la cabeza...resultaba muy desagradable y violento...no podía ponerle derecho, el abría el pico y las alas y se retorcía constantemente.
Llame a mi padre que le cogio y le puso en el césped, cada vez estaba mas débil. Se estaba muriendo.
Luego llaméa mi madre (que es veterinaria) y le conté lo que ocurría. Me dijo que le diese masajes en el pecho y la cabeza. Es lo que hicimos pero no funciono de nada.
Resultaba muy doloroso ponerse en su lugar, imaginar que te estas muriendo y que no puedes hacer mas que retorcerte y esperar.
Le volví a coger yo. No deje de masajearle el pecho y de darle agua...a ratos se movía inquietamente pero luego volvía a quedarse inmóvil...hasta que murió. Seguía con sus ojos negros abiertos, como si me estuviese mirando y parecía aun mas pequeño que cuando le cogimos.
Aunque ya había muerto seguí dándole masajes...a ver si se "reanimaba"... (Supongo que me recordaba todo aquello al principio de la película "101 dálmatas" cuando reaniman al cachorrito que parecía muerto) pero no funcionó.
Me quedé un rato mirándolo...recordando como hacía 15 min. estaba bien...intentando volar...
Sin nada más que hacer le enterré detrás del jardín.

Es increíble...como puede dar un giro la vida y sorprendernos con lo menos imaginado...
Te ilusionas con tu futuro, te imaginas trabajando, con tus seres queridos toda la vida, escuchando la que, prometes, siempre será tu canción favorita...y practicando los que "siempre" serán tus hobbies...
Te imaginas ayudando a un gorrión, como Sábado. Dándole de comer y enseñándole a volar para que vuelva con su familia...
Y entonces...un desliz en los estudios, una enfermedad, un mal sentimiento que te hace odiar aquella canción, una mala experiencia en tu hobbie "favorito"...o simplemente cinco minutos, hacen que todo cambie...que todo sea distinto...
Hoy mas que nunca comprendo que jamás dejaré de sorprenderme con esta extraña vida que muy pocos intentamos comprender.
Un saludo, Isa.