Así fue, contándoselo a la luna como logré que se me pasara el dolor.
Aunque se viera obligada a guardar silencio, sentía que ella entendía todo lo que yo no podía entender.
Que ella sabía para qué había vivido aquella historia absurda: por qué mi corazón se había encadenado a dos amores imposibles, y por qué despues de comprobar que no había nada que hacer los seguía alimentando. Al fin y a lcabo, dicen que la luna es la que rige los actos de aquellos que no se comportan con arreglo a la razón.
Tal vez por eso les ofrece luego su consuelo, aunque no les pueda dar explicaciones.
AMORES LUNATICOS
Lorenzo Silva.