Recuerdo que aquel alba de junio me desperté gritando. El corazón me batía en el pecho como si el alma quisiera abrirse camino y echar a correr escaleras abajo. Mi padre acudió azorado a mi habitación y me sostuvo en sus brazos, intentando calmarme.
-No puedo acordarme de su cara. No puedo acordarme de la cara de mamá - murmuré sin aliento.
Mi padre me abrazó con fuerza.
-No te preocupes, Daniel. Yo mer acordaré por los dos.
Nos miramos en la penumbra, buscando palabras que no existían. Aqélla fue la primera vez en que me di cuenta de que mi padre envejecía y de que sus ojos, ojos de niebla y de pérdida, siempre miraban atrás.
(Fermin y Daniel)
[...]
-Usted qué sabrá.
-De mujeres, y de otros menesteres mundanos, bastante más que usted. Como nos enseña Freud, la mujer desea lo contrario de lo que piensa o declara, lo cual, bien mirado, no es tan terrible porque el hombre, como nos enseña Perogrullo, obedece por contra al dictado de su aparato genital o digestivo.
[...]
-Hablando de morbo, cuénteme lo de la Bernarda. ¿Hubo beso o no hubo beso?
-No me ofenda, Daniel. Le recuerdo que está usted hablando con un profesional de la seducción, y eso del beso es para amateurs y diletantes de pantufla. A la mujer de verdad se la gana uno poco a poco. Es todo cuestión de psicología, como una buena faena en la plaza.
-O sea, que le dio calabazas...
-A Fermín Romero de Torres no le da calabazas ni san Roque. Lo que ocurre es que el hombre, voviendo a Freud y valga la metáfora, se calienta como una bombilla: al rojo en un tris, y frio otra vez en un soplo. La hembra, sin embargo, y esto es ciencia pura, se calienta coo una plancha, ¿entiende usted? Poco a poco, a fuego lento, como la buena escudella. Pero eso si, cuando ha cogido calor, aquello no hay quien lo pare. Como los altos hornos de Vizcaya.
Sopesé las teorias termodinámicas de Fermín.
-¿Es eso lo que está usted haciendo con la Bernarda?-pregunté- ¿Poner la plancha al fuego?
Fermin me guiñó un ojo.
-Esa mujer es un volcán al borde de la erupción, con una libido de magma ígneo y un corazón de santa-dijo, relamiendose-. Por establecer un paralelismo veraz, me recuerda a mi mulatita de La Habana, que era una santera muy devota. Pero, como en el fondo soy un caballero de los de antes, no me aprovecho, y con un casto beso en la mejilla me conformé. Porque yo no tengo prisa, ¿sabe? Lo bueno se hace esperar. Hay pardillo por ahí que se creen que si le ponen la mano en el culo a una mujer y ella no se queja, ya la tienen en el bote. Aprendices. El corazón de la hembra es un laberinto de sutilezas que desafía la mente cerril del varón trapacero. Si quiere usted de verdad poseer a una mujer, tiene que pensar como ella, y lo primero es ganarse su alma. El resto, el dulce envoltorio mullido que le pierde a uno el sentido y la virtud, viene por añadidura.
Aplaudí su discurso con solemnidad.
-Fermín, es usted un poeta.
-No, yo estoy con Ortega y soy un pragmático, porque la poesía miente, aunque en bonito, y lo que yo digo es más verdad que el pan con tomate. Ya lo decía el maestro, enséñeme usted un donjuán y le enseño yo a un mariposón enmascarado. Lo mío es la permanencia, lo perenne. A usted le pongo por testigo que yo de la Bernarda haré una mujer, si no honrada, porque eso ya lo es, al menos feliz.
Sin duda tienen que leerse este libro. Comedia, drama, romanticismo, suspense...toca todosy cada uno de los campos que puedan existir en el mundo de la literatura. Ademas, su autor, Carlos Ruiz Zafón, escribe increiblemente bien.
[...]Al poco, figuras de vapor, padre e hijo se confunden entre el gentío de las Ramblas, sus pasos para siempre perdidos en la sombra del viento.
Un fuerte abrazo a todos, y espero su opinion cuando lo lean!!:)
